jueves, 19 de abril de 2012

Despertar al canto de un Cuervo.

Aún no se vislumbraba claramente un rayo de sol, cuando esa infame criatura vestida de negro empezaba su incesante "raack" "raack" como crujidos envenenados que matan el sueño mañanero. Revoloteando cerca de mis ventanas, llegan por manadas a posarse sobre los techos, y sobre aquellos árboles que estuvieron muertos durante este extraño invierno, donde abundó la falta de los copos de nieve que alguna vez cayeron otros tiempos. Recuerdo que en mi tierra, solía escuchar el cantar de los gallos anunciando la pronta mañana, mientras mi madre preparaba desayunos formidables y aquellos cafés que nunca me bebí, pero que ahora, después del tiempo y la distancia, añoro con locura; aquellas mañanas en las que mi padre y yo charlábamos mientras se calentaba el auto para partir al trabajo y traer el sustento a nuestra familia, aquellas mañanas... A muchos kilómetros, aquí en esta tierra tan hermosa y tan ajena a la vez, las frías mañanas llegan con el canto de un cuervo, anunciando un ajetreado día pintado por un sol que parece ser de utilería, que te alumbra pero que no te calienta, y que ahora con la primavera, comienza a acostarse tarde ya entrada la noche, ese sol tan distinto al que yo conocía en latitudes tropicales y que me hacen recordar una tierra costera de mi muy querida región carabobeña. Hoy nuevamente, ha cantado ese infame cuervo presagiando una mañana fría y triste, matando un sueño del cual no quería despertar...

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