Uno de tantos días, me encontraba caminando por una calle que era tristemente dulce. Las hojas secas bajo mis pies rechinaban a cada paso pues era otoño, sí, la época del año que más extraño, donde el sol se pierde, los árboles dan su espectáculo final, y nieblas espesas dan anuncio del gran frío que estaba por venir. Ya ni recuerdo cuántas veces hice esa ruta, pero ¡cuánto la disfrutaba! Sin duda era un camino que me faltaba recorrer. Quisiera volver a pasar por esos lugares, por esas calles de pavimento mojado por las frías lluvias nocturnas, donde los gatos buscaban, en su oscuridad, la oportunidad de un encuentro de amor salvaje; donde, sin pensarlo, me adentraba más en los espacios inexplorados de mi conciencia terca e ineludible. Aquel lugar... ¿Cómo olvidarlo? ¡Hasta un amor inconcluso me atormentaba! ¿Por qué no descorchar una botella de Moët & Chandon en una célebre ocasión normal? Quién sabe... Observar las burbujas recorrer la copa tiene su placer, pero no más que degustar lo mejor que ha parido La France, la champagne. En verdad, ¡Cuántas cosas buenas disfruté!
Me encanta que haya retomado, el escribir en su blog mi estimado, a la blogosfera le hacia falta sus reflexiones, vivencias y pensares. Con cariño y aprecio, una asidua lectora.
ResponderBorrar